21 de octubre de 2019

Esa mañana calurosa.

Escrito por Ana Comelli

La primera vez que lo vi fue una mañana como cualquier otra. Había salido de mi departamento muy temprano en la mañana, para evitar chocarme con la masa de gente que sale a trabajar y a los chicos que se reúnen en las paradas de colectivos para ir a la escuela. Como era casi verano, el sol ya estaba alto en el cielo; todo apuntaba a que iba ser un día soleado y caluroso, de ese calor abrumador que no te deja pensar en nada más allá de la transpiración que sale de cada uno de los poros de tu cuerpo. Parecía un día cualquiera. Seguí mi rutina de siempre: pasé por la panadería y compré una tira de pan y tres facturas; entré a la veterinaria y compré comida para Mickey, el gato de la cuadra al que siempre los del edificio le dejamos un platito con comida y una tupper con agua; finalmente me acerqué a la verdulería donde saludé al chico de los deliveries, Nico, y compré los huevos que me faltaban para hacer la tortilla para la cena esa noche. 

Iba caminando, estaba sólo a una cuadra de mi casa cuando lo vi por primera vez. Con los auriculares puestos y el volumen casi al máximo no presté mucha atención al principio, pero una vez que lo vi en la vereda del frente, no pude dejar de pensar en la misteriosa figura encapuchada. 

Ojos amarillos me estaba mirando fijamente.

A mí.

Yo había dormido poco, y el estrés de los finales seguramente me estaba haciendo ver cosas. ¿No? Por lo menos eso es lo que pensé hasta que lo volví a ver un par de días después, otra vez en la distancia. Seguía mirándome. Lo ignoré como lo había hecho antes, me pareció extraño lo tapada que estaba esta figura desconocida. El calor persistía ya hace varías semanas y todos aquellos que nos atrevíamos a salir nuestros hogares protegidos por el aire acondicionado no usábamos más prendas de lo necesario. Pero a nadie más parecía llamarle la atención aquello que estaba empezando a abarcar cada uno de mis pensamientos. 
Seguí cruzándome con esa figura todas las mañanas, nadie más parecía percatarse de su presencia. La empecé a ver en todos lados, en la facultad, en el parque, en el supermercado… e incluso a veces cuando me estaba bañando me parecía ver una sombra afuera de la puerta del baño y antes de irme a dormir escuchaba ruidos y pasos en el living. A la mañana siguiente todo estaba en su lugar, nunca había evidencia de su presencia.

Cada vez me encontraba peor. Me costaba dormir, miraba constantemente si alguien me seguía, cualquier persona que se acercaba a mí un poco más de lo usual era ahora un posible peligro. Pasos, susurros ininteligibles en el medio de la noche y la sensación de estar permanentemente observado empezaron a formar parte de mi día a día. 

Hasta que un día todo estalló. 

Cuando se sacó la capucha, los vi. Esos ojos amarillos que tantas veces me habían atormentado en mis sueños, que siempre aparecían en mis pesadillas. Por fin iba a desenmascarar el misterio. 
Todos esos años de mi adolescencia en los que me pasé obsesionado con fantasmas, demonios y lo sobrenatural no podrían haber preparado para lo que ví esa noche. Ni mi imaginación alimentada por libros y películas fantásticas. Pestañeé una, dos, tres veces; pero no importaba cuanto yo quisiera que las cosas sean diferentes, nada iba a cambiar, de eso estaba seguro. Porque frente a mi, en la punta de mi cama mirándome casi sorprendido estaba yo, o por lo menos una copia exacta de mi cuerpo con unos ojos terriblemente antinaturales, esa criatura no era humana, no podía serlo.

Estaba completamente paralizado.

La copia exacta de mi cuerpo abrió su boca y pensé que ese chillido un poco animal, un poco robótico que sonó en mi habitación sería lo último que escucharía. Pero la este monstruo que usaba mi cara como si fuera la propia cerró su boca, parecía que estaba contemplando algo, me dí cuenta porque muchas veces me han dicho que cuando estoy pensando me muerdo el labio y frunzo el ceño. Eso era exactamente lo que estaba observando. La criatura abrió su boca otra vez y no fueron sus palabras las que me helaron la sangre, sino que fue mi voz la que estaba escuchando.

Ahí fue cuando me di cuenta de que esta criatura me había estado observando desde las sombras hasta perfeccionar mis movimientos, mis gestos, que estaba lista para reemplazarme y tomar mi lugar en este mundo.

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